Dos años después de Vistalegre y tras haber entrado en las instituciones, parece ser una opinión generalizada la necesidad de cambiar de modelo de organización, de transitar desde la “máquina de guerra electoral” hacia una forma más participativa y descentralizada, con el objetivo de poder pensar y trabajar a medio y largo plazo, conectando de nuevo con la sociedad y dándole, de nuevo, un sentido a los Círculos, piedra angular del proyecto de Podemos.

 

La implementación del modelo Vistalegre ha permitido tomar rápidas decisiones en un contexto inestable, pero la creación de toda una estructura formal (estatal, autonómica y municipal), superpuesta a la estructura informal que alumbró Podemos (los Círculos), vació de contenido y funciones a éstos últimos. La centralización de las funciones y de toma de decisiones en las Secretarías y los Consejos, causó, a nuestro juicio, una gran frustración en multitud de personas que, en un principio, se implicaron generosamente en el proyecto, propiciando su progresivo abandono.

 

Por otra parte, la selección de las personas que integraron estos órganos de dirección vino a consistir en procesos de selección competitiva, con fórmulas  y formatos que dificultaban la integración de las diferentes sensibilidades que se encuentran en  Podemos. El afán por copar el máximo de puestos y cargos exacerbó las rivalidades, hasta el punto de que, hoy día, la pugna entre familias, con formas más y menos éticas, se ha convertido en un atributo bien conocido y muy comentado en cualquier ámbito, tanto dentro como fuera del partido.

 

A su vez, esta dinámica competitiva, que ha devenido conflictiva, ha fomentado que la disputa y la confrontación se haya convertido en el método principal para la integración de sensibilidades, estrategias o proyectos.

 

El exceso de “hiperliderazgo”, secundado por el desarrollo de familias y corrientes entorno a los líderes, ha sepultado el componente rico y diverso que tuvo alguna vez Podemos. Las características y los atributos de las personas que se ha convertido en el foco mediático de Podemos han sido trasladadas al propio partido, produciéndose una confusión que tira por tierra todo intento de construir una organización distribuida y plural, con prácticas y discursos vivos y llenos de matices que permeen en una sociedad cada vez más heterogénea.

 

Por último, nos resulta preocupante que se haya fiado la dirección política y estratégica casi  por completo al plano discursivo, que la vertiente comunicativa haya acaparado infinidad de recursos, dejando de atender la capacidad propositiva que un partido con vocación de gobierno y gestión debiera tener. Más allá de un mensaje bastante general y abstracto, de líneas políticas poco concretas, existe en la sociedad y en los  medios un desconocimiento enorme sobre las iniciativas que los diferentes grupos parlamentarios y municipales han presentado o sacado adelante. Un partido centrado únicamente en la comunicación, que descuide el trabajo de investigación, deliberación y presentación de propuestas, se convierte en un partido vacío que difícilmente podrá presentarse como capaz de ofrecer soluciones dentro de la crítica coyuntura en la que nos encontramos.

 

Por todo esto, con ánimo de comenzar desde Andalucía un cambio necesario en el conjunto de Podemos, proponemos las bases de un nuevo modelo de organización y participación. Este modelo es compatible con los documentos de Vistalegre en todo aquello que no se modifica expresamente. Al ser un documento de base, hay muchos extremos que permanecen sin concretar, trabajo que se realizará con posterioridad, en el proceso de transición de modelo.